Flexibilidad - el presupuesto porcentual

 

Tener las cuentas en orden es un propósito loable. Algún desarreglo en lo personal de cuando en cuando, pasa piola. Para la empresa en que trabajamos la cosa cambia, el jefe o la empresa no puede venir con cuentos – tiene que responder, tiene que tener las cosas en orden y sobretodo pagarme lo que corresponde y cuando corresponde. Pues a las empresas le pasa a su vez lo mismo con el país. El país tiene que tener sus cuentas en orden para que las empresas puedan funcionar y lo desarreglos son intolerables.

 

Igualmente se da para nosotros en lo privado, que tenemos algunos gastos ineludibles y otros variables y más manejables. Si se piensa en un vendedor, este tiene sueldo variable y se tiene que adaptar y manejar. Y hay muchos vendedores en el país que saben llevar sus ingresos variables.  Lo mismo pasa para las empresas tienen que ajustarse a los vaivenes del mercado. Pero las instituciones y el gobierno no lo hacen y nos complican la vida. Si las instituciones del estado y el gobierno también se manejaran como las personas y las empresas asumiendo los fijos y manejando los variables acorde a los recursos disponibles, viviríamos en paz. Si los empleados estatales tuvieran sueldos variables estaríamos al otro lado. Los proyectos estatales podrían manejarse transparentemente en base a los recursos disponibles sin necesidad de mentir permanentemente al respecto y generando arbitrariedades y daño a personas y empresas que cuentas con lo que no son más que ilusiones por ende.

 

La torta es una y el presupuesto del país debería ser divido porcentualmente entre las distintas necesidades o reparticiones quedando la suma en 100%. En otras palabras si hay más, se reparte más, y si hay menos porque bajó el precio del cobre o su producción por una huelga – se reparte menos. Cada ministerio cada repartición recibe menos o recibe más en base a lo que como sociedad somos capaces de generar. NO podemos repartir lo que no tenemos e hipotecar nuestro futuro.  Debemos vivir en base a nuestros logros y estos serán siempre variables y tenemos que asumirlos como tales.

 

La máquina frágil del endeudamiento a nivel privado y público nos mete en una vorágine de crecimiento forzado que si falla por una punta, se produce una crisis generalizada. Es un juego peligroso: es jugar con el fuego y en eso estamos.

 

Que los desajustes se arreglen con la inflación – es tan pernicioso que debiera prohibirse como pensamiento. Ese ajuste lo asumen los pobres únicamente y esos no están en el gobierno.